Lucha Libre

Sólo superada por la pasión futbolística, la afición por la lucha libre constituye una de las más rotundas señas de identidad del mexicano.

¿Una justa en la que nadie pierde? La lucha libre es una especie de teatro del pueblo en el que se representa el eterno conflicto del hombre común con sus temores y aspiraciones: En el cuadrilátero se enfrentan el bien y el mal en una pelea sin fin en la cual, eventualmente y de un modo predecible, todos tienen la oportunidad de vencer. Para el foráneo, esta celebración familiar del eros y thánatos que reúne a niños y grandes, mujeres y hombres, a pobres con menos pobres… resulta siempre sorprendente.

La lucha libre es la emanación de una identidad oculta tras una máscara, que es –a la vez que  mitificación- construcción del  yo colectivo. Una nación llamada siempre a luchar por su libertad, muchas veces desengañada, pero que aprende de sus gladiadores a nunca rendirse.

Superbarrio, Blue Demon, Octagón, El Santo… significan la celebración del héroe emanado de la clase popular capaz de enfrentar al villano, en apariencia más poderoso, pero que acabará acorralado contra las cuerdas y tendido sobre la lona, sometido y ridiculizado. Desde los años 90, la incorporación de la mujer a la lucha es un reflejo de su creciente presencia en todos los ámbitos de la sociedad. Estrellas femeninas como Sexy Pólvora, Lady Apache o Princesa Blanca hacen las delicias del público con sus piruetas, llaves y belleza

Sublimación de la violencia contenida, de la rabia social, de la impotencia. Una nación que grita, se emociona, elige un bando y apoya a su favorito; se conmueve cuando lo lanzan del ring  y se desborda en aplausos cuando lo ve levantarse de la arena, magullado, regresando incansable a la pelea.

En un mundo global e hipertecnológico, la lucha libre mexicana constituye una tradición que pervive desde hace ya un siglo y medio, muestra de su amplio arraigo y vigencia. Ha tenido igualmente un efecto transcultural al exportarse a otros países de la región iberoamericana como Puerto Rico y España e incluso en ámbitos geográficos más distantes como Alemania, Inglaterra, Estados Unidos… y de manera notoria, Japón, donde con algunas variantes, goza de gran popularidad.

La serie ¡Libre! pretende sintetizar en diez imágenes un universo visual inagotable: el del ser humano en lucha permanente consigo mismo.